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Japón y Chile conocen las exigencias que implica la reconstrucción post catástrofe. Al cumplirse un año del terremoto, tsunami y crisis nuclear que azotó al noreste de Japón del 11 de marzo del 2011, Marcos Jaramillo, el director del Centro de Estudios Asiáticos UC, hace un balance fino del magnífico esfuerzo de recuperación que ha hecho la nación nipona.

 

Tal vez no haya precedentes para la combinación y tamaño de los desastres que azotaron a Japón hace exactamente un año. Mientras la Cruz Roja Internacional asegura que se ha perdido un año entero en reconstruir áreas devastadas por el tsunami, debido principalmente la falta de coordinación entre el Gobierno central y autoridades locales, es importante considerar los aciertos del gobierno en medio de una tormenta cuyos vientos aún no cesan.

 

Lo que inicialmente fue un terremoto 9,0 en la escala de Richter, desató en un gigantesco tsunami que causó la muerte de unas 16.000 personas y provocó la peor crisis nuclear desde Chernobil. Doce meses después, la Cruz Roja anuncia que aún quedan unas 326.000 personas sin hogar y 3.300 más permanecen desaparecidas. Esta institución ha recaudado 3.780 millones de euros en el último año por parte de donantes de dentro y fuera de Japón, proporcionando 290.000 millones de yenes en compensaciones a residentes afectados.

 

Más allá de este panorama aún no resuelto, Jaramillo destaca los avances de una tarea de reconstrucción de gran envergadura.

¿Qué se puede rescatar de la gestión del gobierno japonés frente a la reconstrucción?

Se puede hablar de éxito en la labor del gobierno si se considera que lo que estaba en juego durante la crisis era la posibilidad de que Tokio tuviera que ser desalojada debido a la emergencia nuclear. Estamos hablando de evacuar a 30 millones de personas. Estaba en juego el colapso de Japón y eso afecta también a la economía internacional. Eso implicó un manejo apropiado de la información con ese propósito.

¿Cómo está Japón en este momento?

Fueron tres desastres que vinieron uno tras otro y que dejaron al país en una situación muy débil. Como es un país bastante ordenado, se han organizado y han logrado tener una reconstrucción acelerada en varios aspectos. La parte más difícil es la sicológica, la población está muy apenada por la tragedia. En la parte material hemos visto que muchos pueblos ya tienen todo limpio. Están viendo qué hacer con los escombros. Muchos de los que quedaron sin casa están viviendo en unos containers llamados Kasetsu Jutaku que están equipados con todas las comodidades que podría tener una casa, son precarios, pero dignos.

La Cruz Roja se está quejando del retrazo de la reconstrucción y que queda mucha gente sin viviendas definitivas.

Todavía falta para la reconstrucción. Quedan muchos años por delante. Hay ciudades en que la población ha bajado considerablemente. En la zona más golpeada, Tohoku, por ejemplo, hay una caída tremenda en cuanto a población y a recolección de impuestos.


¿Qué posibilidad tiene Japón de salir airoso de esta tragedia?

Todo dependerá, y esperemos que así sea, que la economía japonesa tome vuelo. En los últimos años la economía ha estado muy débil y ha decrecido Pagar la cantidad de deuda que ya tiene y afrontar además el problema demográfico que se le viene, en que va a tener que gastar mucho más para mantener la seguridad social, son obviamente uno de los asuntos más graves de estabilidad que tiene Japón. Las agencias de riesgo están bajando poco a poco el nivel de Japón. Como la mayoría de la deuda de está en manos japonesas, no existe el temor de que vayan a sacar su dinero y ponerlo en otra parte. Esto pasa por la confianza que tienen en sus instituciones.

¿Esta confianza podría decaer frente a un panorama tan oscuro y sostenido?

Ya existe una cierta desconfianza hacia la burocracia. Eso no existía hace algunos años. Siempre se mantuvo la confianza en que el Estado iba a solucionar los problemas de la gente. Se han dado cuenta que en estos últimos años los problemas han estado creciendo. Yo he captado que existe un deterioro en cuanto a la confianza. Espero que esto le sirva a Japón para crecer. A pesar de que es un país con un gran desarrollo y una población cultísima, vemos que su economía no está creciendo, tiene un problema demográfico inminente, y si a esto le sumamos el terremoto, el maremoto y la crisis nuclear, tenemos una combinación de problemas muy exigentes.

Sin embargo el yen sigue fuerte gracias, mayormente, a que la economía internacional aún lo usa como alternativa de inversión en momentos de crisis.

Lo que sucede es que en el mundo no existe una duda siquiera de la confianza que tienen los japoneses en sus instituciones. Como la deuda es casi toda japonesa, en manos japonesas, hace que el mercado diga, bueno, este país tiene sus instituciones seguras por lo menos en el corto y mediano plazo. Todo es un asunto de confianza. Si la población japonesa confía, no hay problema. Japón tiene una deuda superior al 200 por ciento del PIB. Tienen que tener un crecimiento muy grande, apretarse el cinturón y otras cosas que tienen que darse para pagar esa deuda.

Sin embargo Japón es uno de los protagonistas en el rescate de Europa de la crisis de Occidente.

Hay que ver a Japón como un país del presente. En este momento Japón tiene capacidad de invertir en otros países. Tienen mucha tecnología, tienen capital, mucho capital. Invierten mucho en China y el sudeste asiático, pero quisiera que invirtieran acá. Invertir en Japón no es fácil, todo es muy caro y con el problema demográfico no hay un crecimiento de nichos en general, entonces la tendencia es a invertir afuera.













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