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¿Qué puede explicar la relación única de Japón con robots como compañeros de vida, y no como adversarios potenciales como ocurre en Occidente? es la principal pregunta que intenta responder "Loving The Machine: The Art and Science of Japanese Robots" (2006 - disponible en la BCN) del escritor y fotógrafo Timothy Hornyak. Por medio de un relato ágil y plagado de anécdotas personales, el autor repasa los principales hitos de este verdadero idilio e intenta imaginar lo que depara el futuro, de la mano de una tecnología cada vez más avanzada.

Una relación estable y con proyección

Para algunos puede resultar extraño, pero lo cierto es que el amor de los japoneses por los robots data desde hace varias décadas y está bastante lejos de ser un tema carente de seriedad. Desde los humanoides autómatas del período de Edo, pasando por la experimentación con iconos de la animación popular, como Astro Boy, hoy en cada laboratorio de alta tecnología nipón existe un número cada vez más importante de investigadores del movimiento y la inteligencia robótica, que intentan hacer del sueño de una relación humano-máquina, una realidad.

Y es que para los japoneses, no solo tiene que ver con el desarrollo de una tecnología, también con el alimento de una pasión. El libro da cuenta de ello en dos partes. En la primera se hace un repaso por las conexiones históricas de Japón con los robots, en particular con la tradición de los "Karakuri" (muñeco casi autómata hecho de madera y utilizado en teatro y posteriormente como "muñeco hogareño") y la influencia que los personajes del manga han tenido en el imaginario colectivo. La segunda mitad está dedicada a la situación actual de la tecnología robótica del país y lo que le depara el futuro, a través de fotografías de las últimas creaciones y de conversaciones del autor con ingenieros y expertos que proyectan avances incluso difíciles de imaginar.

Aunque ambas partes atrapan, la primera se roba la película al dar cuenta de la evolución del amor por los robots, marcando de paso una clara diferencia con lo que ocurre en Occidente. Así, mientras acá se considera a los robots como máquinas, más que como muñecos, en Japón ocurre exactamente lo contrario. El autor intenta explicar la raíz del asunto, que partiría con los mencionados Karakuri, creados para entretener. Su objetivo no era lograr realismo, sino encantar a la audiencia, un arte en sí mismo que se desmarca -incluso con el correr de los años y la evolución de los "muñecos"- del mero avance tecnológico.

La transición de la madera al metal comenzó en 1660, cuando Japón estaba completamente aislado del resto del mundo, y un hombre de negocios llamado Takeda Omi abrió un parque de diversiones que rápidamente se hizo famoso por los espectáculos de teatro protagonizado por títeres autómatas, cuyos mecanismos estaban escondidos cuidadosamente tras sus kimonos. 350 años más tarde, el encantamiento no sólo se ha mantenido, sino que va en franco ascenso.

Robots con alma, mucho más que una máquina

Según Hornyak, el mayor "responsable" moderno del encantamiento japonés por los robots es el famoso Astro Boy, muy conocido también en Occidente, cuyo personaje dejó una gran huella en la mente de Japón. El personaje de Osamu Tezuka encarna la creencia de que los robots no sólo puede ser amigos de los seres humanos, sino que además podrían ser la salvación del país. Una idea que no debe subestimarse, especialmente si tomamos en cuenta que el héroe del manga nació en la mente de un joven estudiante de medicina que se vio profundamente afectado por los bombardeos en Osaka, durante la Segunda Guerra Mundial. Y, tal como explica el libro, el deseo de crear un robot como Astro Boy existe entre los especialistas japoneses en robótica.

Efectivamente, Astro Boy en Japón es considerado "el primer robot con alma" y el amor que irradian por él los japoneses se condice con una interesante reflexión que realiza el autor. Mientras en Occidente, específicamente en EE.UU. se producen robots para limpieza y otros para utilizar en la guerra, Japón se ha esmerado por inventar mascotas robot para terapia. Mientras que Occidente produce películas como "Robocop" y "Terminator", Japón es el responsable de "Astro Boy, el amigo poderoso" y "Asimo". ¿Qué puede explicar la relación única de Japón con robots como compañeros potenciales de vida, como amigos? Seguramente la historia de la robótica en la tierra del Sol Naciente tiene mucho que decir, pero todo indica que, en este verdadero romance, existen motivaciones que, incluso hoy, siguen siendo muy complejas de comprender para Occidente.

FICHA DE LA PUBLICACIÓN
Título: Loving the machine : the art and science of japanese robots
Autor: Hornyak, Timothy
Tokyo, Kodansha International, 2006.
Número de páginas: 159
ISBN: 9784770030122
Idioma disponible: Inglés











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