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La multiculturalidad y el desarrollo económico van de la mano, aunque paradójicamente no reciben la misma deferencia. Eso lo saben bien en Australia, donde se acaba de proponer y deponer un conflictivo proyecto de Ley que pretendía instruir a los extranjeros en conductas básicas. En Chile, la Encuesta Bicentenario 2011 (Adimark GFK) arrojó datos duros sobre la percepción de los inmigrantes y la convivencia multicultural. Revisemos el caso Australiano y lo que muestran los números chilenos.

Para Teresa Gámbaro, legisladora australiana de oposición en temas de ciudadanía, “los inmigrantes que llegan a Australia deberían aprender sobre las costumbres locales como el uso de desodorante o esperar pacientemente en las colas”. Este comentario, publicado por el periódico The Australian generó una ola de reacciones negativas contra la legisladora, quien debió excusarse en menos de 24 horas bajo acusaciones de discriminación y falta de profundidad, entre otras. En su propuesta, Gámbaro también pidió que los empleadores capaciten obligatoriamente a sus trabajadores extranjeros sobre "sensibilización cultural". Lejos de marcar un ejemplo a seguir, la actitud de la legisladora revela las contradicciones presentes en la sociedad australiana, en que se recoge el sueño inexistente de el Estado Moderno de lidiar con una población homogéneas e indivisibles.

 

Aunque a juzgar por los intentos de Gámbaro, no se puede hablar de un triunfo total en cuanto a tolerancia y multiculturalidad en el caso australiano,si hay que rescatar que el anuncio de la medida causó un enfurecimiento amplio dela ciudadanía. A diferencia de Chile, sin embargo, Australia ha tenido un éxito aparente frente al trato delos privados con las etnias originarias. En este caso en epecífico, el Estado Australiano ha asegurado la extracción de recursos naturales de territorios culturalmente controversiales mediante una ley que obliga a las empresas privadas a negociar abiertamente con los habitantes cuyos terrenos o patrimonios culturales resulten afectados por la industria para encontrar un punto medio entre compensación y desarrollo. El sistema legal australiano permite en ese caso que los precedentes de otras negociaciones se vayan estableciendo como un parámetro vigente en una forma dinámica, lo que mantiene la negociación en constante evolución y generando mejores recursos para los aborígenes, en la medida en que las mineras u otras empresas afectan sus territorios.     

 

La multiculturalidad según la Encuesta Bicentenario

La política chilena no ha estado muy lejos de esa visión. Históricamente, el concepto multiculturalidad se ha usado para dar espacio a la realidad que viven las 8 etnias vigentes en nuestro Estado (Aymara, Quechua, Atacameña, Colla, Rapa Nui o Pascuense, Mapuche, Alacalufe o Kawashkar y Yagán o Yámana). El crecimiento económico sin embargo, está haciendo más compleja esta discusión, con la creciente presencia de extranjeros y la exacerbación de los sentimientos de intolerancia hacia ellos, según reveló recientemente la encuesta Bicentenario realizada por Adimark 2011, presentada el 06 de enero del 2012 en el seminario “Una mirada al alma de Chile”, organizado por el Centro de Políticas Públicas de la Universidad Católica.

El estudio recoge algunos datos sobre el sentir de la sociedad frente a la realidad multicultural que ofrece la presencia de peruanos y bolivianos en el país. En general, la mayoría de los chilenos tiende a creer que los inmigrantes legales deben tener acceso a los beneficios básicos, como leche, educación gratuita, subsidio a la vivienda y pensión básica solidaria. Las cifras de aprobación son de mayores en el estrato alto y van decreciendo al pasar por el medio y bajo.

Sin embargo, el 60 por ciento de los chilenos piensa que habría que tomar medidas más fuertes para echar a los inmigrantes ilegales, una cifra que se condice con el 57 por ciento de los chilenos que creen que los bolivianos y peruanos limitan las posibilidades de trabajo para los chilenos. Aunque las cifras de la Encuesta bicentenario en general son positivas en combinación, hay ciertos números que requieren de un análisis profundo. Según las conclusiones publicadas por los realizadores de la encuesta, “existe cierto pesimismo respecto de la capacidad de asimilación de la inmigración peruano-boliviana en Chile. De hecho, más de la mitad de los encuestados considera que estos inmigrantes no serán nunca plenamente chilenos o lo serán recién en la tercera generación. Con todo, no se niega a los inmigrantes legales el derecho de acceder a los principales beneficios y prestaciones sociales que ofrece el país, aunque se aprecia cierta vacilación en el caso de los subsidios habitacionales y previsionales”.

De los casi 400 mil extranjeros que reconoce el Departamento de Extranjería y Migración del Ministerio del Interior en Chile, el 37% son peruanos, el 17 % argentinos, 7% bolivianos, 5% ecuatorianos y 4 % colombianos. La población china en chile es menor al 2 por ciento, pero es la que experimenta un mayor crecimiento, con 1.653 chinos registrados en el 2002 y 5.208 en el 2011. Las implicaciones de estas poblaciones y sus ritmos de crecimiento en nuestra sociedad sólo pueden ser evaluadas por expertos y acompañados de un intento desde lopúblico por abarcar una realidad cada vez más inminente. 
 

 











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