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La Política de Desperdicio de Alimentos, llevada a cabo por el Departamento de Sustentabilidad, Medioambiente, Agua, Población y Comunidades, es la responsable de reducir el desperdicio de alimentos en Australia. Para ello, a través de la campaña Haz algo por el desperdicio de alimentos instruyen a los ciudadanos para que identifiquen sus errores de consumo y utilicen racionalmente los productos. Más información de esta experiencia, en la siguiente nota.

Una problema global que incomoda al gobierno australiano

El desperdicio de alimentos es un fenómeno que se produce en todo el mundo, sin distinción de ingreso ni ubicación geográfica. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), hasta una tercera parte de todos los alimentos adquiridos por las personas se estropea o desperdicia antes de ser consumido. Para dicho organismo es necesario erradicar esta situación. “Es un exceso en una época en la que casi mil millones de personas pasan hambre y representa una pérdida de mano de obra, agua, energía y tierra”.

Pero ¿qué es el desperdicio de alimentos?. Por lo general se alude a este fenómeno cuando se produce una pérdida en todas las etapas de la producción y suministro de comida. Para la FAO esta disminución puede ser accidental o intencional, sin embargo, sea cual sea la causa siempre implica una menor disponibilidad de alimentos.

Para Matti Kummu, investigador del Water & Development Research Group de la Universidad de Aalto de Finlandia, en un artículo publicado el 2012, el problema del desperdicio de alimentos es tal, que en la actualidad la reducción de las pérdidas es considerada como una de las soluciones más promisorias para mejorar la seguridad alimentaria en el futuro. “En la medida que aumenta el consumo, aumenta la explotación de recursos naturales como el agua, que explica el 70 por ciento de la utilización de agua limpia en la agricultura”, señala.

Esta situación manifestada a nivel global que lleva, por lo tanto, a una pérdida de recursos útiles, sumado a la necesidad de garantizar la seguridad alimentaria a futuro, ha sido advertida por el gobierno australiano, quien a través de su Departamento de Sustentabilidad, Medioambiente, Agua, Población y Comunidades, llevan a cabo la Política Nacional de Desperdicio: Menos gasto, Más Recursos, que a través del programa Haz algo por el desperdicio de alimentos se orienta a la ciudadanía con el fin de reducir la pérdida de comida, pero también a las compañías productoras para que sean consciente de su impacto en el medioambiente.

De esta manera, a través del concepto de “sabiduría alimentaria” el programa pretende educar y orientar a las personas sobre la forma cómo consumen los alimentos, además de hacer de Australia un país “alimentariamente sabio”. En síntesis, este término significa el logro de una conexión entre el consumo y el futuro de la disponibilidad de alimentos, pero también su negativo impacto ambiental. Es decir, esta política se orienta en el logro de una mayor racionalidad en las decisiones a la hora de comprar alimentos.

Los hechos que motivaron la creación del programa

Si bien la Política de Desperdicio de Alimentos comenzó a funcionar en noviembre del año 2009 luego de ser aprobada por el Parlamento, el gobierno australiano tenía una larga historia de acciones sobre el desperdicio de alimentos, principalmente en la Estrategia Nacional de Desarrollo Estratégico y Ecológico de 1992. No obstante, la pérdida de comida continuó creciendo pese a los esfuerzos por reutilizar y reciclar alimentos.

Hasta el 2007 el desperdicio llegaba a 43.8 millones de toneladas. Al 2016, la realidad en la pérdida de alimentos sigue siendo un gran problema a considerar por el gobierno. Según el propio organismo, los australianos desperdician aproximadamente un 20 por ciento de la comida, esto equivale a una de cada cinco bolsas de productos que compran en el mercado. En términos monetarios equivale a poco más de mil dólares cada año.

Si desglosáramos el desperdicio de alimentos por producto, un 33 por ciento pertenece a alimentos frescos que se pudren y un 27 por ciento corresponde a sobras. Un 15 por ciento se concentra en productos envasados vencidos, mientras que las bebidas y congelados alcanzan un nueve por ciento respectivamente.

Las razones por las que se desperdician alimentos

Según el reporte Evaluación del Desperdicio Nacional de Alimentos, elaborado por el Instituto de Futuro Sustentable (UTS) el año 2011, la principal razón de pérdida se debe a que se cocina más comida de la que realmente se consume. Asimismo, el informe sostiene que por lo general la gente no sabe cómo usar las sobras ni chequean el refrigerador antes de hacer las compras.

De igual manera, el documento señala que las personas cometen un error al momento de botar comida que se cree mala, antes de la fecha de vencimiento. A este error se suma la compra de comida rápida en vez de cocinar la existente en casa. Esto último explicaría que los consumidores entre 18 y 24 son el segmento de la población que más comida pierde, alcanzando los 100 mil dólares al año.

De esta forma, la campaña “Haz algo por el desperdicio de alimentos” se enfoca, principalmente, en las personas que son vistas como consumidores de alimentos, a diferencia de las empresas que, por más que expliquen 1.388 toneladas de las cuatro mil de alimentos desperdiciados -21,5 por ciento- la toma de conciencia por parte de la ciudadanía es un proceso que tomaría más tiempo.

Tres simples medidas para la mitigación del desperdicio

Si bien la medida principal de esta política es la toma de conciencia a través de la campaña, existen otras tres acciones que, de manera simultánea, pretenden ser implementadas para el año 2020 con el fin de garantizar la seguridad alimentaria en el futuro, reducir el desperdicio y su impacto negativo en el ambiente y la sociedad, cuya implementación se realiza en conjunto con el Departamento Australiano de Cambio Climático, Gobiernos Locales y Municipales. Ellas son:

  1. - Guía para que personas, negocios y mercados puedan donar los alimentos: a través de la entrega de información actualizada acerca de los lugares donde hacer donaciones, es una medida útil y sencilla.
  2. - Posibilitar el acceso a la tecnología del compostaje: debido a que los productos orgánicos en descomposición, en contacto con otros productos químicos en los vertederos producen gases tóxicos, la accesibilidad a aparatos tecnológicos que permitan el compostaje y reutilización de los residuos.
  3. - Fomentar la creación de empresas de reciclaje: ya que el Estado no puede asumir la totalidad de esta responsabilidad, el gobierno genera las condiciones para que más emprendedores puedan ingresar en los negocios verdes y contribuyan al reciclaje.

El desperdicio de alimentos en la realidad chilena

La realidad del desperdicio de alimentos en nuestro país no se distancia del resto del mundo. A diferencia de las economías desarrolladas, la cantidad de personas con mala alimentación y falta de acceso a productos saludables es mayor, pese a que Chile es un país agroalimentario y agroexportador.

Esta realidad nacional ha sido ampliamente relevada por el informe Pérdida y Desperdicio de Alimentos de la fundación Idea País. Allí se reconoce que el desperdicio se inserta en un contexto donde los costos de los alimentos de calidad son caros y los hábitos son poco saludables, pero además donde el crecimiento de la clase media ha llevado a que el consumo sea en grandes cantidades.

En este contexto social consumista –que ocurre, en mayor o menor medida, también en los países desarrollados o en camino al desarrollo económico- la oferta disponible en supermercados y otros lugares de comercialización puede, en algunos casos, alcanzar un volumen muy superior a la demanda efectiva por el producto, dentro del tiempo acotado en que está “fresco”. La consecuencia de ello es el desperdicio de grandes volúmenes de productos desde los establecimientos comerciales, incluso que aún no alcanzaban su fecha de vencimiento”, señala el informe.

Esta realidad ha llevado a diversas iniciativas legislativas, una de ellas es la aprobación de la Resolución 660 el jueves 4 de agosto de 2016, que solicita al Ejecutivo la adopción de medidas para impulsar una política que contrarreste las altas cifras de desperdicio de alimentos.

La iniciativa fue presentada por un grupo de parlamentarios entre los que está la diputada Marcela Hernando, quien viene estudiando el fenómeno del despilfarro de comida desde el 2014. “He hecho algunos oficios y consultas aquí en la Cámara, porque no solo a nivel de Congreso, sino a nivel país desperdiciamos alimentos. Desde esa época me he informado y una de las razones es que muchas veces existe la voluntad de donar alimentos, pero hay impedimentos de tipo sanitario. He tenido conversaciones con autoridades de la salud y en efecto el vencimiento de los productos es una limitante”, señaló.

Para la parlamentaria, este es un problema no solo ambiental, sino también un imperativo ético. “Con los pronunciamientos que ha tenido la FAO y viendo lo que está sucediendo en otros países del mundo donde la gente se está muriendo de hambre, no podemos estar tranquilos. Pero también tiene que ver con los temas de sustentabilidad medioambiental. Sin duda que desperdiciar todo ello contribuye a la contaminación como desperdicio de recursos y energía. Todas estas cosas son fundamentos suficientes para estar involucrados con esto. Así nació este proyecto, esas fueron las motivaciones”, sostuvo.

En relación a la experiencia australiana y su política para evitar el desperdicio de alimentos, la parlamentaria se mostró favorable y coincidió en la necesidad de complementar los mensajes con medidas concretas. “Algo así sería muy bueno, pero no solamente campañas porque cuando se sensibiliza a través de eso la gente piensa que es un gasto en sí, por lo que yo haría un esfuerzo por tratar de identificar el ahorro para el país. Coincido con la creación de economías de escala que se podrían alcanzar con esto, cuantificarlo y a través de eso hacerlo atractivo, aportando nuevas oportunidades”, afirmó.












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