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Aunque las culturas más diversas se han ido permeando y las ortodoxias de antaño son cada vez más difíciles de encontrar, para muchos occidentales el primer encuentro con Japón se transforma en una experiencia única. "En el  aeropuerto de Narita, se preocupan del aislamiento acústico, del respeto de los unos por los otros, no hay griterío, uno llega y ya siente la sensación de cierto grado de tranquilidad que es distinta del espíritu occidental", comentó la ex ministra chilena, Ingrid Antonijevic, en el marco de la investigación del libro "La ruta chilena hacia el Sol Naciente" (BCN, 2009).

 

Después de la Restauración Meiji (1866-69), Japón asistió a una occidentalización de costumbres e influencias tras varios siglos de aislamiento político y económico. Sin embargo, las marcas de una cultura preocupada por los detalles y la armonía siguen delineando las conductas de sus habitantes.

 

Junichiro Tanizaki (1886-1965), uno de los más célebres literatos de Japón, escribió el ensayo El Elogio de la Sombra que constituye una pista ineludible para comprender cabalmente el espíritu nipón.

 

Las sombras en la vida cotidiana

 

"No es que tengamos ninguna prevención a priori contra todo lo que reluce, pero siempre hemos preferido los reflejos profundos, algo velados, al brillo superficial y gélido; es decir, tanto en las piedras naturales como en las materias artificiales, ese brillo ligeramente alterado que evoca irresistiblemente los efectos del tiempo", advierte Tanizaki al referirse al brillo producido por la suciedad de las manos en un objeto metálico.

 

Pero la seducción de las sombras también se encuentra en elementos como el papel: "Los rayos luminosos parecen rebotar en la superficie del papel occidental, mientras que la del hosho o del papel de China, similar a la aterciopelada superficie de la primera nieve, los absorbe blandamente. Además, nuestros papeles, agradables al tacto, se pliegan y arrugan sin ruido".

 

La sombra en los espacios arquitectónicos

 

La decoración minimalista en la arquitectura japonesa sigue predominando y se resguarda hasta en los más recónditos espacios de un hogar. "En realidad, la belleza de una habitación japonesa, producida únicamente por un juego sobre el grado de opacidad de la sombra, no necesita ningún accesorio. Al occidental que lo ve le sorprende esa desnudez y cree estar sólo ante unos muros grises y desprovistos de cualquier ornato, interpretación totalmente legítima desde su punto de vista, pero que demuestra que no ha captado en absoluto el enigma de la sombra", comenta el novelista.

 

"¿Pero por qué esta tendencia a buscar lo bello en lo oscuro sólo se manifiesta con tanta fuerza entre los orientales?", se pregunta Tanizaki, respondiendo en los siguiente renglones: "Los colores que a nosotros nos gustan para los objetos de uso diario son estratificaciones de sombra: los colores que ellos prefieren condensan en sí todos los rayos del sol. En sus viviendas evitan cuanto pueden los recovecos y blanquean techo y paredes. Incluso cuando diseñan sus jardines, donde nosotros colocaríamos bosquecillos umbríos, ellos despliegan amplias extensiones de césped".

 

Música y comida

 

A Tanizaki no lo cautivaba la amplificación generada por artefactos eléctricos que, en su época, comenzaban a masificarse. Tampoco le gustaba que los fonógrafos sirvieran de medio para las melodías japonesas. "En sus rudimentos nuestra música está caracterizada por cierta contención, por la importancia que concede al ambiente, de manera que grabada, y luego amplificada por los altavoces, pierde la mitad de su encanto. En el arte de la oratoria evitamos los gritos, cultivamos la elipsis y, sobre todo, damos una extrema importancia a las pausas; ahora bien en la reproducción mecánica del discurso la pausa se destruye totalmente", dice

  

Pero el cuidado estético, mediado por las sombras, también tiene una incidencia gastronómica. "Si la cocina japonesa se sirve en un lugar demasiado iluminado, en una vajilla predominantemente blanca, pierde la mitad de su atractivo (...) no hay ningún japonés que al ver ese arroz inmaculado, cocido en su punto, amontonado en una caja negra, que en cuanto se levanta la tapa emite un cálido vapor y en el que cada grano brilla como una perla, no capte su generosidad. Llegado a este punto, se da uno cuenta de que nuestra cocina armoniza con la sombra, de que entre ella y la oscuridad existen lazos indestructibles", finaliza.

 

En la parte final del ensayo, no obstante, Tanizaki admite que los cambios modernizadores son inexorables. "Japón está irreversiblemente encauzado en las vías de la cultura occidental, tanto que no le queda sino avanzar valientemente dejando caer a aquellos que, como los viejos, son incapaces de seguir adelante", dice. Pese a ello, no desfallece en su cruzada: "En lo que a mí respecta, me gustaría resucitar, al menos en el ámbito de la literatura, ese universo de sombras que estamos disipando...". 

 

 

Puede encontrar esta publicación en el catálogo de la Biblioteca del Congreso Nacional.
FICHA
Título: "In praise of shadows"
Autor: Junichiro Tanizaki
Publicación: c1991
Número de páginas: 73
Idioma: Inglés












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