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Mientras en Chile se estudia modificar la base del sistema de salas cunas para fin de año, en Nueva Zelandia se ha consolidado el programa "20 hours free", mediante el cual el gobierno paga hasta 20 horas de cuidado semanal por niño, hasta los 4 años de edad, para todas las familias del país. Conozca este modelo que, luego de años de controversia y un debate que se mantiene hasta hoy, ha logrado gran aceptación y una cobertura del 93%.

Luego de la polémica, llegó el éxito

En julio de 2007 Nueva Zelandia implementó el programa "20 hours free", tras ser anunciado como una de las nuevas políticas educativas del manifiesto del Partido Laborista durante las elecciones de 2005. En primer término, dicho sistema proporcionaría 20 horas de educación infantil financiadas por el gobierno para menores entre los tres y cuatro años de edad, independientemente de los ingresos familiares.

Cuando el programa gratuito se inició, la participación de la población neozelandesa fue lo suficientemente grande como para afectar el Índice de Precios al Consumidor, y los datos más recientes indican que el 93% de los niños del país participan del sistema. Con su enorme éxito, el "20 hours free" se ha convertido en el programa más grande de educación del país, pero también en el más caro. Datos de septiembre de 2008 ya señalaban que el gobierno había gastado más de 500 millones de dólares en el programa desde su creación, y que representaban aproximadamente el 70% de los 807 millones de dólares destinados en el presupuesto anual para toda la educación preescolar.

Llegaron las elecciones de 2008 y el Partido Nacional, en lugar de recortar gastos en torno al programa, optó por aumentar su convocatoria, comprometiéndose a ampliar los servicios anexos y permitir  ahora, que niños de cinco años también sean beneficiados. La medida desató una serie de debates y controversias, que conoceremos a continuación.

El debate inicial del "20 hours free"

El éxito del programa "20 hours free" hace que sea fácil olvidar lo controversial que fue su creación. En sus inicios, los parlamentarios neozelandeses discutieron tres grandes temas:
  • La exclusión de los servicios privados de cuidado infantil
  • La oposición a la exclusión de algunos servicios dirigidos a la tribu whanau
  • Los costos del programa


Luego de la discusión parlamentaria, sólo el primer tema fue resuelto inmediatamente por el Gobierno laborista. El segundo temas se resolvió en el 2008, con la expansión del programa a los padres whanau, mientras el tercero sigue siendo un problema importante para la política nacional.

Antes del inicio del "20 hours..." el Gobierno incluso entregaba subsidios universales a todos los servicios de educación (como hace Australia) para la primera infancia hasta por 30 horas a la semana para cada niño de cero a cinco años de edad. Además, el Ministerio de Desarrollo Social había otorgado subvenciones de hasta 50 horas semanales de cuidado de niños para familias que califiquen. A diferencia de los programas de subvenciones, en las que los servicios podrían "complementar" la subvención con los pagos de los padres, el programa "20 hours..." prohíbe complementar los honorarios a cambio de proporcionar un mayor nivel de financiamiento establecido para cubrir el costo promedio de atención, con una calidad estándar.

A pesar de toda la controversia que levantó el programa en sus inicios, parece haber asegurado un lugar en las políticas públicas de Nueva Zelanda, a pesar incluso de su alto costo. Hoy, el debate se ha centrado en si el gobierno debiera continuar con su cambo de paradigma hacia la prestación universal o si debe  volver a un programa de subvenciones.  Sin embargo, el Ministro de Educación ,Trevor Mallard, declaró recientemente que el programa es "free" justamente porque el gobierno se ha comprometido a pagar, y no sólo a subvencionar, la educación de calidad para los niños, independientemente de la capacidad de una familia para pagar.

Independiente de mantener la promesa de no volver a la subvención, el gobierno ha vislumbrado tres escenarios:

1. Mantener el rumbo: El gobierno continúa con el compromiso, proporcionando asignaciones presupuestarias para satisfacer la demanda. Si el gobierno opta por esta opción, sería alcanzar los objetivos de calidad y acceso universal del programa según lo previsto, pero crea un alto riesgo fiscal, por el gran costo que implica asumir estos gastos. Sin embargo, ese riesgo podría ser mitigado si se tiene en cuenta que la matrícula ya alcanza al 93% de los niños elegibles, lo que significa que el número de nuevos niños en el programa cada año sería muy menor, y por lo tanto, manejable económicamente.


2. Reducir el riesgo fiscal mediante la limitación del presupuesto: El segundo escenario plantea limitar los fondos para el programa, pero se plantean dos temas a considerar en relación al recorte. En primer lugar, si el financiamiento no está a la par del crecimiento de las prestaciones del programa, la calidad podría ser sacrificada y podrían revertirse los logros alcanzados.


3. Reducir el riesgo fiscal volviendo al sistema de subvención: El tercer escenario podría terminar con el programa "gratuito universal" a un programa de subvenciones. Los riesgos en materia de gobierno se reducen y el potencial para mantener la calidad que se conserva. Pero se puede disminuir la accesibilidad de las familias que no pueden pagar las diferencias que deja la subvención.

En esa discusión se encuentra Nueva Zelandia, luego de un cambio de paradigma, que comenzó con la creación del programa "20 hours free". Hoy vuelve a a la palestra el eterno debate sobre  si es conveniente para las arcas fiscales seguir pagando para asegurar una educación universal gratuita para los más pequeños.

El debate que viene en Chile

Mientras, en el Congreso acaba de ingresar un proyecto que establece la obligación para toda empresa con más de 19 trabajadoras, y ahora también "trabajadores", de disponer de una sala cuna propia , mientras modifica la obligación de "financiar la sala cuna, en caso de no existir en la empresa, para todos los hijos de sus funcionarios por el plazo de un año".


Según la cartera de trabajo, el costo promedio de $150 mil mensuales por trabajadora desincentiva la contratación de mano de obra femenina, lo que afecta principalmente a las mujeres de menores ingresos. "Tenemos que ver cómo liberar a las mujeres, al menos a las más pobres, de que sea el empleador el que paga la sala cuna, ya que este sobrecosto desincentiva la contratación femenina. Es un tema que se debe abordar o seguiremos viendo una participación laboral de sólo 22% en el caso de las mujeres del 10% más pobre", declaró recientemente Evelyn Matthei, titular del Ministerio de Trabajo, a La Tercera.

Matthei aseguró además que una de las alternativas que se evalúan es eliminar la obligación establecida en el Código del Trabajo "y reemplazarla por un gran sistema nacional de salas cuna del Estado, adonde tengan acceso gratuito niños de mujeres de menores recursos". También se maneja un régimen financiado por todos los trabajadores. Lo cierto es que antes de fin de año llegaría al Congreso un proyecto de ley que buscará modificar el actual beneficio que otorga el Estado a través de las salas cuna del Sistema Chile Crece Contigo, instaurado durante la anterior administración, y tal como en Nueva Zelandia, la discusión sobre el financiamiento del cuidado y educación de los menores promete instalarse con fuerza en nuestro país.












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