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Con el establecimiento de una cuota de 227 ballenas entre julio y diciembre de 2019, Japón dio inicio a una nueva era de cacería. Gracias al retiro de la Convención Internacional para la Regulación de la Caza de Ballenas, el país nipón no tendrá que dar explicaciones ni argumentar supuestos fines científicos para la captura de los cetáceos. Más detalles de esta decisión, en la siguiente nota.

Se comenzaron a cazar las primeras ballenas

El primer día de julio de 2019, el ballenero japonés Kyodo Senpaku junto a otros dos buques zarparon del puerto de Shimonoseki, Yamaguchi con una misión: cazar ballenas minke. Simultáneamente, en el puerto de Kushiro, prefectura de Hokkaido, cinco embarcaciones salieron con ruta hacia altamar con el mismo propósito. A estos se suman otros zarpes, todos en absoluto conocimiento de la autoridad nipona, ya que luego de 31 años Japón decidió retirarse de la Comisión Ballenera Internacional, que entre otras regulaciones prohibe la caza con fines comerciales.

La Agencia de Pesca japonesa a través de su jefe de gabinete Yasutoshi Nishimura en una conferencia de prensa que recogió el Japan Times, aseguró que la decisión está fundamentada en criterios científicos, por lo que no tendría consecuencias negativas en estas especies. "Esperamos que esto progrese lo más rápido posible, rejuvenezca la comunidad y lidere la renovación de nuestra rica cultura ballenera a las siguientes generaciones", señaló.

Tal declaración responde a la decisión tomada por la agencia de establecer una cuota de 227 de aquí a diciembre de 2019, dentro de las cuales se especifican 52 de tipo Minke, 150 Bryde y 25 Sei. Con tales cálculos, aseguran que no tendría ningún impacto negativo en dichas poblaciones, aún si esta tendencia se mantuviese durante un siglo. "Llevaremos a cabo la caza comercial con base científica y con la gestión adecuada de los recursos", acotó Nishimura.

Consumo de carne de ballena a la baja

La Agencia de Pesca nipona aduce fundamentos científicos para llevar a cabo la captura de cetáceos, sin embargo según datos entregados por Mari Yamaguchi en Time, el consumo anual de una persona en Japón alcanza solo 40 gramos al año. La razón que explicaría esta decisión radica en una tradición cultural que enaltece a la ballena como proveedor de proteínas, además de un sinfín de productos derivados.

Un documento explicativo del Ministerio de Agricultura y Pesca de Japón explica que la tradición de cacería de ballenas comenzó el año siete mil antes de la era común. Sin embargo el punto máximo de consumo se produjo después de la Segunda Guerra Mundial, cuando las proteínas eran escasas y vieron en las ballenas una fuente barata de obtenerlas. De tal manera, la mitad de todo el componente protéico de los japoneses venía de las ballenas, sin embargo, con el paso de los años sus productos han sido reemplazados por otras proteínas de origen animal y vegetal.

A pesar de la disminución en el consumo de la carne de ballena y su reemplazo por otros productos, según Yamaguchi en la publicación de Time señala que las ballenas capturadas en aguas costeras se destinarán para el consumo fresco local. Entre las localidades que tendrán con la posibilidad de contar con carne de ballena fresca está la prefectura de la que Shinzo Abe ha sido representante parlamentario. Mientras que la carne de ballena que ha sido capturada en aguas más lejanas será destinada a los frigoríficos para su masificación.

Hisako Ueno en una publicación en el New York Times respalda la hipótesis de que el consumo de carne de ballena ha disminuido entre los japoneses, y que a pesar del valor cultural que las ballenas representan para la nación nipona, la industria enfrenta algunas dificultades. En primer lugar la ausencia de mercados lucrativos, ya que las nuevas generaciones tienen una conciencia alimentaria distinta. En segundo, la escasez de mano de obra a causa del envejecimiento de la población, situación que llevaría a incrementar los salarios para competir con otros sectores productivos, como el atún o el cangrejo.

Una visión desde Chile

La decisión de Japón de restarse de la CBI alertó a las autoridades y a la comunidad científica de nuestro país, ya que los balleneros japoneses no solo se concentran en sus aguas territoriales, sino que aprovechan los vacíos legales que moran en las aguas internacionales. Esto les ha permitido incursionar en la zona subantártica, donde en mayo de 2018 capturaron 122 ballenas aduciendo fines de investigación científica.

Para Benjamín Cáceres, biólogo marino e investigador del Museo de Historia Natural de Río Seco, Región de Magallanes, es difícil que los japoneses realicen una estimación sobre si la cacería no tendrá efectos en la cantidad de ballenas. "En primer lugar faltan estudios para determinar que las poblaciones de ballenas sean estables o saludables. Sí se puede decir que ha habido una recuperación desde que se suscribió el convenio internacional para la regulación de la pesca de la ballena de la CBI, pero aún faltan estudios para tener estimaciones de la cantidad de individuos que compone cada especie. Entonces hay un gran vacío que llenar respecto del conocimiento que la ciencia tiene de las poblaciones actuales de las ballenas", señaló.

Asimismo, se refirió a la importancia que estos cetáceos revisten para la biodiversidad marina. "Las ballenas tienen un tremendo rol en el ciclo de nutrientes. Hay estudios que han demostrado que aportan a través de sus heces hierro disponible que es un micronutriente que es limitante, sobre todo en la Antártica y que es fundamental para el crecimiento de microalgas, y luego gracias a esta del zooplacton y de estas el krill. Por lo tanto, cumplen un rol tremendo en el ciclo de nutrientes que sin las ballenas se rompe", agregó.

En relación a que la cacería de ballenas que están dentro de las aguas territoriales japonesas influyan en los ecosistemas de nuestro país, afirmó que esto no se debería descartar. "Las ballenas son cosmopolitas y se encuentran en la mayoría de los océanos, entonces si cazan poblaciones en sus mares podrían afectar a las que están cerca de las costas chilenas. Ahora, en el caso de la zona antártica, Chile ha avanzado en la protección a través del Instituto Antártico Chileno, en establecer áreas marinas protegidas en el continente antártico. Esa es una manera efectiva de parar la industria ballenera de los japoneses", sostuvo.












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