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Diputado Mario Venegas comentó el programa de educación cívica implementado en Nueva Zelandia

Para el congresista, gran parte del descontento de la ciudadanía con la política se debe al desconocimiento del rol efectivo que cumplen las instituciones públicas, principalmente respecto a las responsabilidades de entes como el Parlamento, municipalidades e intendencia.

09 de Febrero de 2015

El diputado Mario Venegas valoró el Programa de Educación Cívica de Nueva Zelandia que contempla entre sus contenidos la enseñanza de valores democráticos, participación ciudadana y derechos humanos. Si bien coincidió con la posibilidad que los profesores tengan libertad de cátedra, planteó que debe diferenciarse del proselitismo. Su opinión y más antecedentes de este programa educacional en la siguiente nota.

Conocimiento cívico para aumentar la participación política

La educación cívica es, a partir de 2014, una asignatura obligatoria en el currículo de la educación secundaria, pública y privada neozelandesa. Una de las razones de su implementación se debió a que en 2011 solo votó un 74% del electorado, transformando la elección en la menos votada de la historia (cerca de 800 mil personas optaron por no ejercer su derecho ciudadano). No obstante, el 2013 se produjo un nuevo récord cuando solo acudieron a las urnas un 60% de los electores.

Frente a esta realidad, el Parlamento neozelandés dispuso considerar las recomendaciones del Comité de Disposiciones Constitucionales -comisión creada el 2005 con el fin de actualizar la vigencia de las leyes y su relación con la ciudadanía-, que solicitaba que el Estado realizara un mayor esfuerzo por mejorar la educación cívica y la educación de la ciudadanía en las escuelas.

Esta iniciativa, creada en una primera instancia en el Parlamento y luego implementada por el gobierno, fue valorada por el diputado Mario Venegas, quien a su vez es profesor de historia y geografía e impartió clases de educación cívica. “Creo que el ejemplo de Nueva Zelandia se asemeja a lo que nosotros hemos propuesto para nuestro país, porque más que ser educación cívica es educación para la ciudadanía. Es evidente que los jóvenes requieren contactarse con el conocimiento y valores que tienen que ver con la participación ciudadana y la democracia”, sostuvo.

Según la descripción del Programa de Educación Cívica, dependiente del Ministerio de Educación de Nueva Zelandia con apoyo del Sistema Judicial de ese país, el objetivo principal de esta asignatura es “promover que los estudiantes puedan tener un pensamiento crítico e independiente”. En ese sentido el diputado Venegas valoró que los contenidos impartidos tengan dicho enfoque, agregando que son fundamentales para la construcción de una democracia.

“Es importante que los jóvenes conozcan todos los poderes del Estado, su funcionamiento y sus roles. Gran parte del descontento en la ciudadanía se debe al desconocimiento del efectivo rol que cumplen las instituciones. La inmensa mayoría de las personas cree que somos responsables de todo, entonces nos adjudican problemas que son propios de los alcaldes, gobernadores, intendentes, cuando el rol específico de los parlamentarios, según la Constitución, es legislar, representar y fiscalizar. Estamos siendo responsables de cuestiones que en estricto rigor no deberíamos. Eso deja en evidencia la falta de conocimiento", señaló el congresista.

Contenidos orientados a la institucionalidad y los derechos humanos

La educación cívica en Nueva Zelandia se ha vinculado al sistema educativo como una asignatura más de las ciencias sociales. Mediante libertad de cátedra, los profesores muestran un marco para desarrollar en los estudiantes conocimiento público sobre el Estado, además de herramientas y experiencia que les permita lograr ciertos objetivos, como participación política, pago de impuestos, pensiones y seguros fiscales.

Estas características fueron valoradas por el diputado Venegas, ya que en su opinión la libertad de cátedra es esencial en la enseñanza, ya que los establecimientos educacionales no pueden funcionar de espaldas a la política, aunque si deben establecerse ciertos límites. “No sería partidario de hacer proselitismo, sino de una política entendida en el concepto griego, es decir, de definir los caminos de acción por parte del Estado y cómo afecta en nuestras vidas, nos gusten o no, pero la política está definiendo el futuro y en consecuencia los profesores y sus directores no pueden estar de espaldas a un fenómeno que está ahí, o que le tengan temor y no se sienten responsables”, añadió.

En cuanto a los temas abordados y actividades realizadas durante las clases, éstas son adaptadas para las distintas necesidades regionales y de los jóvenes que están en los últimos años de enseñanza secundaria. El porqué los cursos de educación cívica se implementan en los últimos años de colegiatura, es descrito por el programa gubernamental neozelandés, donde se señala que el nivel de madurez de los estudiantes les permite comprender mejor los procedimientos políticos y cómo distintos grupos implementan leyes y políticas públicas.

En concordancia con esta propuesta, el diputado Venegas afirmó que un proyecto similar en nuestro país podría tener cabida, puesto que en el Congreso se han presentado iniciativas donde se plantea la idea de reponer la asignatura y que garantice que al menos en alguna de las etapas de formación -posiblemente en tercero medio- se implemente. “Este es un sentimiento compartido por la gran mayoría de los parlamentarios, porque el nivel de desconocimiento de los jóvenes es alto. Son materias muy relevantes, sin embargo, pienso que a diferencia de los que sucede en Nueva Zelandia donde las clases se hacen en los últimos años, creo que aquí además sería bueno comenzar en alguna etapa de la enseñanza básica”, comentó.

Iniciación en el reconocimiento de los derechos humanos

Uno de los ejemplos más claros de cómo la educación cívica neozelandesa aporta a la formación pública de los alumnos es el derecho a los consumidores, es decir, cuáles son los derechos de los consumidores y quiénes son las autoridades correspondientes y cómo pueden ejercerlos. Asimismo se contempla la formación en el sistema de gobierno neozelandés y cómo afecta a la vida de las personas.

Entender cómo los individuos, grupos e instituciones trabajan para promover la justicia social y los derechos humanos es algo que está presente en todos los conceptos de la asignatura, esto puede evidenciarse en que los términos de ciencias sociales que más se utilizan en estas clases son democracia y participación, con el fin de aproximar a los jóvenes en un lenguaje que les permita reflexionar, conducir e involucrar a otros ciudadanos con los asuntos públicos, además de relacionarse con otros actores sociales y contribuir al entendimiento en los objetivos sociales comunes.

“Es muy necesaria esta formación con base en el reconocimiento de los derechos humanos, sobre todo porque su ausencia en la enseñanza contribuye a la creciente falta de interés por los temas públicos y ciudadanos. En un escenario de profundo descrédito de las instituciones republicanas, incluyendo este Parlamento, ayudaría mucho que los jóvenes tuvieran esta formación. Creo que fue un error sacarlo como una asignatura, durante muchos años se impartió en dos horas semanales durante la enseñanza media. Pero con el pretexto de que iba a ser un elemento transversal en el currículo se eliminó y hoy prácticamente no se hace, cuestión que hemos planteado que es un profundo error”, concluyó el diputado.












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