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Por David Azócar

 

China está al otro lado del mundo de Chile no sólo geográficamente, sino también en los horarios que imperan las actividades cotidianas. Rutinas tan comunes almorzar, hacer deportes o salir a tomarse un refresco, ocurren a horas muy distintas a nuestro país. Macarena Pola, diseñadora chilena que vivió en dicha latitudes conversó con nuestro Portal, acerca de qué tan cambiados tenemos el reloj en comparación a los chinos.

 

Los horarios de vida en China


En China todo funciona desde temprano, la gente se levanta entre las cinco y las seis de la mañana y salen a hacer todo tipo de ejercicios: tai chi, artes marciales o juegan bádminton, caminan de espalda (ejercicio muy común entre los ancianos), cantan karaoke, hasta bailan.

Las actividades recreativas públicas se realizan durante todo el año, incluso en invierno, dándole vida a la ciudad (nunca está totalmente vacía), siempre hay movimiento y gente. Las tiendas abren todos los días, hasta los domingos.


Otra diferencia tiene que ver con los horarios en que suceden las cosas, te despiertas más temprano (debido a que no hay cambio de hora en verano y no puedes dormir más tarde por el calor) los almuerzos son a entre las 11.30 o 12 horas y las comidas a las seis de la tarde, esto es buenísimo, porque uno tiene todo el resto del día para hacer cosas.


En Chile se come tardísimo, casi que te acuestas después de comer. En China, en cambio, hay una conciencia más clara de los horarios biológicos, es interesante lo que pasa con las fiestas que también comienzan temprano, uno puede ver los restaurantes llenos a las seis de la tarde y a las nueve ya están las mesas cubiertas de botellas y los borrachos se van para la casa.


La vida sucede en las calles chinas

 


La vida sucede más en la calle que dentro de las casas, no porque no tengan hogares, sino porque ellas dan a la vereda y al ser pequeñas, comen afuera. La ropa colgada la dejan en los paraderos, incluso los niños usan ocasionalmente dichos espacios como baño.

Uno se siente integrado en la vida de los otros, los espacios comunes son realmente utilizados, muchos edificios y condominios comparten baños, cocinas, áreas comunes etc. La gente convive con otros en sus actividades cotidianas, algo que resulta un poco difícil de asimilar para nosotros (los chilenos) que vivimos más dentro de nuestras casas.


En Shanghai existe una tradición de ciudad que es muy especial, la gente usa pijamas para salir a la calle. En las mañanas y tardes uno puede ver a señoras, niños y adolescentes pasearse en sus “atuendos dormir” por plazas, supermercados, etc. Es muy especial porque no es cualquier pijama, sino uno especial que venden en las tiendas que es acolchado. Lo mejor es que es una tradición sólo en Shanghai, en el resto de China no se ve aquello.

La oportunidad china para los chilenos

 


China es una oportunidad y tiene un gran potencial y hay que saber aprovecharlo creo que hay que empezar a ver a China como una posibilidad real y sustentable. Éste país representa un cliente enorme al que hay que venderle productos, es un gran desafío diseñar para un usuario que es tan distinto a lo que estamos acostumbrados en occidente, creo que todo lo que se puede generar en ese intercambio es alucinante.


Por otro lado se encuentra el tema de la producción, que China maneja muy bien, y para la industria del diseño es un gran aporte.


Los límites que tiene el cuerpo y la cabeza

 


Algo muy importante que China me enseñó es sobre los límites que tiene el cuerpo y la cabeza. Uno tiende a exponerse mas allá de las capacidades… y seguir insistiendo sin pensar en lo mal que todo eso te puede hacer. Tuve que aprender mis limitaciones… a tomar conciencia de que mi cuerpo era el medio de expresión del estrés y otras emociones. Eso es algo que no me tomaré nunca más a la ligera, como decía un personaje que admiro mucho; cuando llevas un tiempo que te levantas todos los días y te miras al espejo y piensas, “no me gusta lo que hago” es porque tu vida necesita un cambio radical (Durante mi estadía tuve momentos de gran estré, no sólo por el trabajo, sino porque estar sola en un país extraño y echar de menos es algo muy desgastante.

Todo lo anterior gatilló una alergia que me tuvo bastante mal, asistiendo a doctores chinos, aguantando pinchazos y hospitales llenos (después de eso se me quitó el miedo a las agujas)… al principio en una actitud bien omnipotente, y luego dándome cuenta que quizás lo único que podría curarme era volver a Chile, lamentablemente no tenía tanta razón, pero aunque la alergia no se me quitó, me encuentro mucho mejor del alma.


La experiencia ganada en China

 

 

Creo que la experiencia que adquirí en China es todavía inconsciente, no tengo claro si hay algo concreto todavía que capitalizar. Creo que la experiencia laboral (no sólo como profesora) sino como diseñadora con los fabricantes es un gran plus en lo que hago. Considero que siempre hay que aprender a moverse en distintos medios, estar más abiertos al cambio, a aprender, a no cerrarse ante lo desconocido y tratar de entender.


Creo que lo más importante que aprendí en China y ojalá, que me sirva para capitalizar, fue darme cuenta que hay mucho por aprender, y que esa es la gracia de lo que uno hace.

 

Considero que aprender de otras culturas siempre es importante, te flexibiliza, te haces más inteligente al tiempo de relacionarte con otros. Irse es hacer una pérdida muy grande, es desconectarse de tu vida anterior, de tu gente, que siguen sus existencias y uno se las está perdiendo.


Creo que en China crecí mucho emocionalmente, y al mismo tiempo hubo otras cosas que perdí (relaciones con personas). También me di cuenta que uno encuentra gente parecida en todos lados, da lo mismo que no hablen tu idioma, las relaciones humanas se dan de una manera natural… no las manejas, te suceden.












    Comentarios publicados



  • Escrito por Juan Luis Paredes | 23/09/2009 18:06
    He escuchado a menudo que el salario normal para los trabajadores chinos es un plato de arroz.
    Me cuesta comprender y por tanto creer, que el país que fabrica más maquinaria pesada del mundo, más electrodomésticos, más computadoras, más juguetes, más automóviles, más ropa, más libros...lo haga con campesinos incultos que se han quedado en la edad feudal.
    Necesito mucha información con fuentes confiables para salir en defensa de la república Popular de China.

    Un saludo

    Juan Luis Paredes



 

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