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La lengua ancestral de los maoríes, al igual que el mapudungún en nuestro país, son idiomas que están en serio peligro de extinguirse producto del predominio del inglés y español respectivamente. Alertados por esta situación, el gobierno neozelandés el 2001 comenzó a implementar dos tipos de escuelas para enseñar el idioma y cultura nativa, principalmente en las zonas con mayoría indígena. Una revisión de esta política y de la iniciativa impulsada de manera unánime por la Sala de la Cámara de Diputados de nuestro país, en la siguiente nota.

Al rescate de una lengua a punto de extinguirse

Entre 1930 y 1960, el número de maoríes que podían hablar su lengua nativa descendió de un 96% a un 26%. Las nuevas generaciones comenzaban a crecer sin saber cómo hablarlo, por lo que de a poco se fue creando la percepción de que si no se hacían esfuerzos, pronto se convertiría en una “lengua muerta”. De esta manera, el miedo a perder su lengua ancestral, llevó a las comunidades aborígenes a alentar a los jóvenes a revivir su lengua con el fin de que más personas volvieran a hablar maorí.

Pese a esta alerta por parte de los líderes indígenas, no fue sino hasta 1980 que el gobierno neozelandés implementó clases de idioma maorí en las escuelas ubicadas en zonas con alta presencia de dicha etnia.Como consecuencia de ello, muchos niños y jóvenes tuvieron la oportunidad de aprender la lengua de sus ancestros como segundo idioma, dejando de lado el "fantasma de la lengua muerta", ya que más personas se interesaron en tomar cursos de idioma.

Sin embargo, en 2001 esta medida no fue considerada suficiente por las autoridades neozelandesas, ya que solo el 17% de los niños maoríes en edad escolar se inscribían en cualquier forma de educación de lengua o cultura de sus ancestros. Esto llevó a que se crearan las Kura Kaupapa Maorí, que son escuelas primarias donde parte de la escolaridad es enseñada en la lengua nativa. Adicionalmente, otras escuelas primarias adoptaron programas donde se consideraron ambos idiomas en las asignaturas.

Según cifras entregadas por Education Counts -programa de gobierno encargado de llevar las estadísticas sobre el Ministerio de Educación neozelandés- para el año 2015, de las 44 mil personas que hablan fluidamente maorí, la mitad son mayores de 45 años. De igual manera, dicho organismo identifica que existen cerca de 22 mil personas con un nivel medio de fluidez, la mayoría de ellos bajo los 25 años de edad. Asimismo, plantea que el 58% de los maoríes puede utilizar frases en su idioma ancestral y usarlos en sus hogares.

En los últimos 15 años el foco del gobierno ha estado en revitalizar la lengua y la cultura ancestral de los aborígenes neozelandeses, para ello centra sus esfuerzos en la formación de más jóvenes en edad escolar con el fin de que al finalizar sus estudios puedan tener un alto nivel de lenguaje. Esto es logrado a través de las escuelas bilingües y las llamadas escuelas de inmersión, ambas pertenecientes a la red pública de instituciones de educación, con presencia en todas las regiones del país.

Más escuelas para la enseñanza del idioma y cultura ancestral

Las escuelas bilingües son aquellas donde las asignaturas pueden ser cursadas en dos idiomas, por lo que los estudiantes pueden hablar y escribir fluidamente en maorí e inglés al finalizar su escolaridad. Estas instituciones tomaron como modelo a las escuelas anglo francófonas de Canadá, las que fueron también adoptadas por muchos colegios internacionales. En el caso de Nueva Zelandia las escuelas bilingües acentúan la formación en maorí, ya que el inglés es el idioma que domina en el cotidiano de los estudiantes.

Según un artículo de la experta en educación Angus Macfarlane sobre la creación de cultura maorí en las escuelas, publicado el 2007, las instituciones bilingües son más efectivas cuando las familias quieren que sus hijos aprendan un segundo idioma, o que el aprendizaje de uno no vaya en detrimento del otro. Este formato es llamado como una “aproximación aditiva”, ya que se incorpora un idioma en vez de reemplazarlo por otro. Según el mencionado artículo, este enfoque aditivo es mucho más efectivo desde el punto de vista educacional, ya que el ejercicio de funcionar en dos idiomas redunda en mejores resultados en otras asignaturas y en el desarrollo de habilidades.

Por su parte, las escuelas de inmersión son aquellas donde los programas son enseñados en maorí la mayoría del tiempo, ya que su misión es revitalizar el idioma ancestral en gran parte de la sociedad. Según Education Counts, para el 1 de julio de 2015 una cantidad de 17.842 estudiantes se inscribieron en escuelas de inmersión, lo que representa un 2,3% de la población escolar del país, de este total un 97,1% de los inscritos se identifica como maorí. Así el 57,6% de los niños en edad escolar perteneciente a esta etnia, ingresa a las 279 escuelas de inmersión que hay en todo el país, mientras que el resto lo hace a escuelas bilingües.

Estas dos instituciones fueron valoradas por Iván Vásquez, quien fue el jefe de estudios del Programa Orígenes de la Conadi y que sigue dedicado a la investigación en temas indígenas. En su opinión, la incorporación de la lengua en la educación es una de las medidas más eficientes. “El Estado tiene que propender a crear instrumentos que sean especialmente diseñados para la población indígena, porque son un grupo que no está en igualdad de condiciones. Entonces si se instalan escuelas donde se sabe que gran parte de la gente que asistirá es parte de una comunidad indígena, lo lógico es que así sea. Además se crea una suerte de pertenencia, en el sentido de que son parte de un grupo y para que se mantenga esa cultura, es importante el uso del idioma”, sostuvo.

Adicionalmente, Vásquez señaló a las escuelas como el lugar donde además del sentido de pertenencia, se logra de mejor manera que una lengua sea perdurable. “Cuando se comienza a perder el idioma en las propias comunidades, se pierde parte de su sabiduría, entonces la idea de establecer escuelas donde se fomente la multiculturalidad, la cosmovisión y uso de la lengua, es parte importante para que no se pierda el legado histórico que tienen las comunidades indígenas”, agregó.

Programa especial de enseñanza del Mapudungún en nuestro país

La realidad de la lengua de nuestros ancestros no es muy distinta a la de Nueva Zelandia. Es por esta razón que el 15 de agosto de 2016, por unanimidad la Sala de la Cámara de Diputados aprobó la Resolución 639 para que el Ministerio de Educación elabore un programa especial de enseñanza del mapudungún. Esta resolución será enviada como una solicitud a la Presidenta de la República.

Parte de la motivación para enviar esta solicitud se fundamenta en el estudio Los Mapuche rurales y urbanos hoy, realizado por el Centro de Estudios Públicos entre marzo y mayo de 2016. Fue aplicado a 1.493 personas que se autodefinen como mapuche, mayor de 18 años en zonas urbanas y rurales de las regiones VIII, IX, X, además de la Región Metropolitana. Adicionalmente, se empleó la encuesta a 1.606 personas que no se autodefinen como mapuche, pero que habitan en las mismas zonas de quienes sí se reconocen.

Entre las cifras relacionadas con el uso de la lengua mapuche, el estudio muestra que un 67% de los encuestados no habla ni entiende el mapudungún. Ese porcentaje representa un aumento de 11 puntos en comparación con la misma encuesta aplicada el 2006. Un 6% reconoció que habla la lengua mapuche igual que el castellano y solo un 2% de la muestra sostiene que la habla mejor que el castellano. Esta tendencia se ve agudizada cuando se analiza en tramos etarios, ya que solo un 1% de los mapuche entre 18 y 24 años reconoce ser bilingüe, mientras que un 75% no la habla ni la entiende.

Frente a esta realidad, los parlamentarios plantearon que una de las formas de contribuir a que más personas reconozcan al mapudungún como un lenguaje corriente, es que se considere la pérdida de la lengua como un problema de todo el país y que a través de la enseñanza del idioma para su uso cotidiano se puedan integrar ambas culturas y avanzar en la unión nacional.

Esta iniciativa fue valorada por Iván Vásquez, pues continúa con una línea de trabajo entre la Conadi y el Ministerio de Educación. “Es un paso importante, tomando en cuenta que desde el año 2000 se instaura una línea especial al interior de la Subsecretaría de Educación, respecto al Programa de Educación Intercultural Bilingüe (PEIB) –inspirado en un programa similar en Nueva Zelandia-el cual trabajó con escuelas de alta población indígena. A raíz de esto se han ido creando programas especiales para la enseñanza, tanto de la cosmovisión indígena, como del estudio de la interculturalidad. Esto comenzó hace 16 años con financiamiento interno y un apoyo del BID”, señaló.

Adicionalmente, el especialista resaltó los efectos positivos que la educación bilingüe que, tal como sucede en las escuelas neozelandesas a gran escala, produjeron en los jóvenes mMapuche. “Cuando se midieron los impactos en la población indígena en el Simce, entre las escuelas que sí tuvieron la cobertura del PEIB con las que no tuvieron, hubo 50 puntos de diferencia entre una y otra, por lo tanto una de las principales conclusiones es que al establecer un enfoque intercultural, la escuela tiene impacto positivo en los principales indicadores. Entonces si se hiciera obligatorio que exista una línea de interculturalidad, especialmente en el uso del idioma mapudungún, creo que es parte importante de cómo el Estado se hace cargo de la interculturalidad y de las temáticas indígenas en Chile”, concluyó.












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