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El impresionante crecimiento de la urbanización en China durante las últimas décadas sumado a sus particulares características geológicas y climáticas ha producido una mezcla letal, dejando a su paso millones de damnificados, cientos de miles de muertos y exorbitantes pérdidas económicas producto de las inundaciones urbanas. Es por ello que el gobierno chino ha implementado una serie de medidas para hacer frente a las crecidas. ¿Cuáles son y qué resultados han tenido? En la siguiente nota.

Una vieja historia de muerte y destrucción

Desde 1949, más de 50 grandes inundaciones -surgidas como consecuencia de una tormenta, de un tifón o crecidas de mareas- han afectado a diferentes partes del territorio chino. Estos hechos han motivado al gobierno a crear planes preventivos que reduzcan al mínimo las pérdidas humanas y materiales, consiguiendo de paso armonizar la relación entre las inundaciones y el desarrollo socioeconómico.

La historia es generosa si se trata de hablar de catástrofes relacionadas con inundaciones. Por ejemplo, en 1931 Wuhan estuvo bajo el agua durante más de 100 días, en una inundación que dejó sin hogar a más de 780.000 personas y fallecidas a 32.600. Otra inundación extraordinaria fue la acontecida en la cuenca del río Hanjiang, en 1983, que dejó como saldo más de 870 muertos, y a la ciudad de Ankang sumergida 8 metros bajo el nivel del mar.

Desde el 2000 al menos una gran inundación ocurre en China cada dos años. Y entre los casos más tristemente célebres se incluyen  la inundación de julio de 2003, cuando una tormenta sin precedentes en toda la historia golpeó Nanjing, dejando más de 309mm de lluvia diaria –casi el doble de lo que llueve en la zona central de Chile en un año- cientos de muertos y más de un millón de damnificados.

En julio de 2007, Chongqing y Jinan fueron golpeados por una de las mayores tormentas en 100 años, causando la muerte de 103 personas, y en el 2010 más de 800.000 personas quedaron sin casa y 150 perdieron la vida en Sichuan. Las cifras demuestran que casi el 80% de las inundaciones no ocurren en el campo, sino en la ciudad.

Actualmente, los expertos en urbanización tienen claro que las ciudades modernas no son lo suficientemente fuertes como para soportar grandes lluvias y han asegurado que un desastre “de grado medio” bien podría frenar el desarrollo de una ciudad por dos décadas.

La hora de tomar medidas

Las inundaciones urbanas por lo general cobran más pérdidas, afectan a más personas, y los daños y víctimas aumentan en proporción con la tasa de crecimiento de la ciudad, por lo que el riesgo crece cada año junto con el proceso de urbanización, lo que se torna aún más preocupante al considerar que pueden poner en peligro toda la estabilidad socioeconómica de territorios donde viven decenas o cientos de millones de personas.

Para terminar con este trágico historial, en el año 2003 el Ministerio de Recursos Hídricos de China propuso a la autoridad central tomar cartas en el asunto, lo que dio como resultado el pasó desde una política de eliminación de las inundaciones –que no resultó- a una de contención.

Esto llevó a que en las zonas de inundación se comenzó a regular la actividad productiva, se establecieron planes de prevención y se tomaron una serie de medidas para garantizar la seguridad de la población. Sin embargo, se estima que de las 642 ciudades en las que el control de inundaciones se ha tomado como una tarea imprescindible, 355 -el 55% del total- están utilizando un estándar de control inferior al estipulado por el gobierno central.

La "Estrategia de Gestión de Inundaciones de China"

En los últimos años, el concepto de ‘gestión de riesgos’ se ha introducido en China y se han se han propuesto nuevas políticas. En consecuencia, para pasar de la dependencia de las medidas estructurales para reducir los daños de las inundaciones a un enfoque equilibrado con medidas estructurales y no estructurales, el Ministerio de Recursos Hídricos elaboró una estrategia nacional de gestión de crecidas en el año 2005.

La llamada “Estrategia de Gestión de Inundaciones de China” puede describirse brevemente de la siguiente manera: el gobierno chino decidió combatir la inundaciones en función del riesgo, poniendo énfasis en las medidas no estructurales, especialmente administrativas, económicas, tecnológicas y educativas (tales como un sistema de decisiones centralizado, sistemas de prevención, planes de mitigación, y seguros contra inundaciones) y en la ejecución -en segundo término- de programas que faciliten el implementar medidas estructurales (como el refuerzo de diques, regulación de niveles de ríos y construcción de embalses) para lograr beneficios integrales y de largo plazo.

Las tres tareas estratégicas en la “gestión” de las inundaciones son:

  • Construcción de proyectos de ingeniería hidráulica para mitigar de manera efectiva las catástrofes. Destaca en este ítem el megaproyecto de la Presa de las Tres Gargantas.
  • Mantener bajo control las actividades humanas para mitigar daños de las inundaciones en el sector productivo.
  • Hacer mejor uso de las inundaciones, utilizando el recurso de agua excedente.

Para llevar a cabo este plan, el gobierno chino determinó que era central el apoyo de la de la ciencia y el avance tecnológico, asegurar una inversión suficiente de capital y socializar el esfuerzo de mitigación de desastres. Finalmente, el aprovechar las inevitables inundaciones urbanas para solucionar la escasez en el suministro de agua -causado por la rápida urbanización- habla bien de la estrategia china que no solo busca reducir las inundaciones y sus negativos efectos al mínimo posible, sino que además busca sacar beneficios a partir de estos verdaderos desastres naturales.

Según el senador Alejandro Navarro, Chile debiera seguir el ejemplo de China, que "entendió que debía anticiparse al poder de la naturaleza mediante una completa estrategia, que además de incorporar la construcción de diques y otras obras, se preocuparon de educar a la población y aplicaron planes de mitigación, entre otras medidas".

El parlamentario agregó que "acá no hay una anticipación a la ocurrencia de las inundaciones, y hay varias pruebas de esto, como lo que ocurrió hace algunos meses en Canal Papen, en donde no se tomó ni las más mínima medida para poder contener las aguas lluvias, lo que llevó a que se desborde el canal, dejando cientos de damnificados. Primero el Estado debe indemnizar a las familias, y luego tiene que trazar una estrategia para que este tipo de desgracias no se repita", concluyó.














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