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Nueva Gales del Sur fue uno de los primeros territorios australianos en reconocer el olor como agente contaminante, pero también en establecer un marco de acción orientado a prevenir situaciones que afecten a los ciudadanos, además de medir con diversos tipos de indicadores el grado de toxicidad. Más detalles de esta experiencia, en la siguente nota.

Olor como agente de contaminación y atentado al bienestar social

Entre los factores que contaminan el aire, el dióxido de carbono es un componente que puede causar daños severos al ser humano, principalmente en las vías respiratorias. Aunque en una escala distinta, la intervención directa de los olores en el ambiente es también un causante directo de enfermedades, ya que afecta actitudes mentales y para la Organización Mundial de la Salud, atenta en contra del derecho de disfrutar de un medioambiente libre de contaminantes.

Este principio es abordado por Shukla NP, académico del Departamento de Ingeniería Química del Instituto Tecnológico de Kanpur, quien en una publicación sobre la la identificación y control de los olores señala que muchas industrias tienen la capacidad de producir olores, gases y vapores que pueden ser ofensivos para las personas.

Esto es ratificado por la Organización Mundial de la Salud, que define la contaminación del olor como un impacto negativo que afecta a la calidad de vida, el bienestar y la salud. La forma como afecta a la salud es a través del estrés, por lo que plantea que la concentración, frecuencia y ubicación de olores deben ser evaluados a tiempo a fin de controlarlos y evitar su propagación.

Australia y el reconocimiento de los olores ofensivos

Al igual que en Europa y Estados Unidos, el estado australiano de Nueva Gales del Sur (NSW por sus siglas en inglés) fue uno de los primeros lugares donde se legisló sobre el olor, particularmente sobre su reconocimiento como agente contaminante. La razón de considerar legalmente al olor como un agente contaminante responde al hecho de que estos afectan indirectamente el bienestar de las comunidades. Aunque no siempre atraen el mismo nivel de atención por parte de las personas y, por ende, de las autoridades, muchas veces se producen como consecuencia de mala praxis en el tratamiento de productos o, por ejemplo, en el vencimiento de productos orgánicos de uso industrial, deficiencias en el aseo de terrenos, problemas en la gestión de residuos, o bajos niveles de sanidad en el agua.

Tanto en el caso australiano como en el de los otros países, el objetivo de sus legislaciones es proteger a los ciudadanos de olores desagradables, más que por considerarlos por sus potenciales efectos en la salud, como un factor de injusticia. Esto debido a una gran cantidad de quejas registradas por el Departamento de Medio Ambiente del estado, causadas por industrias de procesamiento de productos animales.

Esto llevó a la Autoridad de Protección Ambiental de NSW (EPA por sus siglas en inglés) la publicación de Técnicas, evaluación y manejo del olor de fuentes estacionarias en Nueva Gales del Sur, que además de presentar el marco legal con una visión general de la regulación ambiental, estableció estrategias de gestión con el fin de prevenir y manejar el impacto de los olores. En la actualidad todos los estados australianos tienen marcos legales similares. Para el desempeño de todos estos marcos regulatorios, además, se incluye una guía técnica publicada en 2016 por el ministerio neozelandés de medioambiente para que distintas asociaciones profesionales estandaricen el muestreo y modelización de las mediciones.

Incluso, a pesar de que existen variadas formas de evaluar los olores, como también distintos enfoques, en la práctica la forma más idonea de originar alertas para aplicar los mecanismos legales es cuando una comunidad considera que un olor determinado es ofensivo. En un artículo de Henrique Melo sobre la experiencia australiana en la regulación de olores, señala que es precisamente el nivel de molestia de las comunidades lo que determina la gravedad de la situación. Luego de este primer paso de identificación, la guía aportará los criterios de evaluación y métodos para medir el rendimiento del aire.

Esto se suma a que la EPA, en virtud de la importancia que la participación ciudadana y la opinión de expertos revisten para el desarrollo de marcos legales e instituciones ambientales, publicó el Libro Consultivo para el Aire Limpio, que define una aproximación y acciones concretas para que el gobierno avance en la mejora de la calidad del aire, principalmente a través del trabajo con la industria para la reducción de emisiones, el transporte en la promoción de vehículos eléctricos y los hogares, principalmente en incentivar la eficiencia energética. Sin embargo, una de las principales innovaciones de este documento -a pesar de no centrarse en la contaminación del olor- es establecer un esquema claro de responsabilidad compartida, donde todos los actores, tanto públicos como privados, tienen una parte importante.

Iniciativa para reconocer el olor como agente contaminante en Chile

En nuestro país, en abril de 2019 se aprobó la idea de legislar el proyecto que reconoce expresamente en olor como un agente de contaminación. Una de las autoras de esta iniciativa es la diputada Daniella Circardini, quien comentó que una de las razones que motivó este proyecto fue la crítica situación vivida en la comuna de Freirina, región de Atacama. “Nadie se acuerda de esta comuna por sus lindos paisajes o su cantidad de obras patrimoniales, sino por el conflicto que se generó con Agrosuper. La comunidad y una empresa que a todas luces quedó evidenciado que hay un vacío legal en que los olores generaron malestar e incomodidad, pero también vulneración de derechos”, señaló.

Asimismo, valoró la necesidad de perfeccionar la legislación vigente. “No solo el caso de Freirina hay muchos a nivel nacional en donde cada vez se hace más necesaria una mejora a la ley. Entiendo que este proyecto va bien encaminado, si bien se hicieron modificaciones y regresó a la Comisión de Medioambiente, hay una voluntad general de avanzar. Por lo tanto, creo que aquí lo importante es que saquemos lecciones de los vacíos legislativos que existen y por eso en su momento cuando vimos el grave daño que generó Pascua Lama en los glaciares, también surgió la necesidad de protegerlos. Y ahora con Agrosuper la posibilidad de proteger la integridad física de nuestra gente y entender que los olores hoy no están identificados como contaminantes, es algo esencial”, sentenció.












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