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En diciembre de 2013 se cumplirá una década desde la fundación de Biopolis, un gran centro de investigación –que más bien parece toda una ciudad- mediante la cual el gobierno de Singapur pretende dar un salto de calidad en la investigación biomédica, biotecnología y farmacéutica.

 

Ubicado en un amplio terreno de 200 hectáreas adyacente a la Universidad Nacional de Singapur y al Hospital Nacional Universitario, Biopolis se alza como un tercer nodo en un corredor del conocimiento cientíifico. Dentro de este parque tecnológico están albergados cinco de los siete institutos biomédicos de Singapur, el Instituto Bioinformático (de sigla BII y cuyo edificio fue bautizado como "Matrix"), el Instituto de Tecnología de Bioprocesos (BTI), el Instituto del Genoma de Singapur (GIS), el Instituto de Bioingeniería y Nanotecnología (IBN) y el Instituto de Biología Molecular y Celular (MICC).


Biopolis está diseñada tanto para fomentar la investigación y colaboración interdisciplinaria, estimular la ciencia local, la innovación y atraer a expertos e instituciones de todo el mundo con la promesa de generosos recursos, financiamiento y una regulación liberal entre otras concesiones.


El proyecto Biopolis tiene cuatro objetivos principales:

  • Ser cuna mundial del talento científico: El gobierno y el sector privado de Singapur no han escatimado en recursos para atraer a los mejores talentos del orbe para hacer investigación en Singapur, y para servir de fértil campo de entrenamiento para los estudiantes de pregrado y postgrado.
  • Servir de integrador de las capacidades y recursos de investigación de los institutos del país.
  • Crear una sinergia para la investigación entre los sectores público y privado, mediante la creación de un entorno que fomente el intercambio de ideas y una estrecha colaboración.
  • Asegurar la libertad de investigar: Los principios de Biopolis están centrados en normas liberales, que contrastan con las estrictas restricciones impuestas a los fondos públicos para la investigación con células madre embrionarias en Estados Unidos y en partes de Europa occidental, por ejemplo.

Construyendo un gigante

La primera fase de construcción de Biopolis se ejecutó entre junio de 2003 y marzo de 2004, con un costo de 500 millones de dólares, tras lo cual se instalaron en el complejo laboratorios de investigación, agencias gubernamentales, institutos de investigación públicos, farmacéuticas y compañías biotecnológicas.


La segunda etapa finalizó en octubre de 2006 con la construcción de las áreas específicas de investigación y desarrollo en neurociencias e inmunología, con un costo de 70 millones de dólares.


En suma, esta verdadera ciudad cuenta con un área total de 185.000 metros cuadrados- bastante para un país de 700 kilómetros cuadrados- que además de los edificios tecnológicos tiene auditorios, salas de lecturas, centros de reuniones, bibliotecas, centros comerciales, restaurantes, cafés, teatros, espacios culturales, centros de cuidados para niños, hoteles, condominios y hasta pubs.


Actualmente, viven en Biopolis más de 5.000 científicos en modernos edificios ecológicos con acceso inalámbrico a Internet desde cualquier punto del campus. Además, varias de las empresas biotecnológicas más importantes del mundo -como Novartis, Abbott, Pfizer, GlaxoSmithKline y GSK Biologicals, entre muchas otras- ya se han instalado en la “ciudad”.

 

El Gobierno local prevé invertir cerca de 2.000 millones de dólares en los próximos cinco años para continuar desarrollando el proyecto y convertirse en la capital asiática de la investigación científica de vanguardia.

 

Según el senador Guido Girardi, “la creación de esta Biopolis no es solo un ejemplo para Chile, sino que para todo el mundo, ya que el gobierno de Singapur no se conformó con tener al país a la cabeza de las pruebas de medición de la calidad de la educación, sino que están aspirando a estar en la cima del desarrollo científico, invirtiendo, generando oportunidades e incentivando la investigación, lo que va de la mano de legítimas aspiraciones bioeconómicas y biopolíticas”, declaró.


El congresista aclaró además que “Chile debe tener claro que, para seguir los pasos de países de verdad desarrollados, como Singapur, primero debe dar un salto grande en desarrollo humano, y eso se logra con una educación de calidad. Luego, debe invertir, ya que un país sin recursos, y con muy pocos científico, no puede aspirar al desarrollo”, agregó.


Finalmente, Girardi llamó a seguir el ejemplo singapurense. “Tanto Singapur como Finlandia se dieron cuenta de que durante los próximos 50 años se vivirán los cambios más radicales que ha vivido la humanidad durante toda su historia, con un progreso equivalente a 20 mil años anteriores según expertos, por lo que debemos empezar hoy a trazar lineamientos para hacer Ciencia en Chile”, concluyó.












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