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Tal como se prevía, Lee Myung –bak, el ex ejecutivo de Hyundai y ex Alcalde de Seul, fue elegido presidente de Corea del Sur el 19 de diciembre pasado, con un programa para aumentar el estancado crecimiento económico del país, favorecer la apertura de su economía y las inversiones y por sobretodo, mejorar su competitividad y atender a la clase media, ahogada con impuestos.

La política interna y exterior de Corea inevitablemente está determinada por la aspiración de unificación de Corea del Sur con Corea del Norte, que está regida por un gobierno comunista cerrado y en cuyas negociaciones para ir hacia un proceso pacífico están involucrados EEUU, Japón, China y Rusia. Mucho se ha comentado en la prensa que los recientes acuerdos alcanzados en la cumbre intercoreana de fines de año pasado, podrían estancarse con un endurecimiento de la línea de Lee, que ha anunciado que exigirá cumplimiento al compromiso asumido por Corea del Norte de desmantelar sus centrales nucleares. Sin embargo, es dable prever un mayor pragmatismo en la política exterior del presidente electo, calificado como “conservador”, porque la aspiración permanente de este país es la unificación de las dos Coreas en forma lenta. Ello, para que Corea del Norte no se constituya en una carga para el Sur, teniendo presente la otrora experiencia de unificación de las dos históricas Alemanias. Por ser esta una aspiración compartida por toda la sociedad coreana, es que el nuevo Jefe de Estado probablemente asumirá una estrategia que tienda apoyar económicamente y lograr una cierta apertura del Norte con los acuerdos de la última Cumbre: reforzamiento de los polos de desarrollo industriales, a través de la ampliación del complejo industrial de Kaesong en Corea del Norte; creación de un nuevo polo industrial en Heyu; desarrollo de infraestructura en Corea del Norte e inicio de la conexión ferroviaria entre ambos países; proyectos de instalación de astilleros navales en el norte. Se espera sin embargo, una actitud menos permisiva y más firme que tienda a diluir la amenaza nuclear de Corea del Norte, que necesita de la ayuda del Sur y de las potencias involucradas, pero para ello se requiere precisamente que las vinculaciones entre las cinco potencias involucradas en el tema estén afiatadas. China, como mediadora importante, debiera conducir el proceso hacia una mayor apertura de la economía en Corea del Norte, de la cual poco se sabe exactamente en cifras respecto a su estado real.

Vistos lo anterior, es obvio que las prioridades de la administración que asumiría en febrero próximo estarán en la relación con EEUU, que ha estado circundada por un sentimiento anti norteamericano en Corea del Sur. Durante este año y hasta que perdure la actual administración Bush, debería concretizarse la ratificación por parte del Congreso norteamericano del TLC con Corea, ya que ello sería más difícil con una posible administración demócrata. En este período, cabe prever que Corea del Sur será un estrecho aliado de EEUU, incluso en exigir una mayor cumplimiento de los derechos humanos por parte de Corea del Norte, teniendo como elemento de presión, el mantenimiento de la ayuda económica hacia ese país (Lee aprobará un fondo de ayuda económico a Corea del Norte de US $ 40.000 millones que la ayude a aumentar su ingreso per cápita de sólo US $ 1.300 a unos US $ 3.000 ).

Internamente los planes de Lee son revitalizar el crecimiento económico de Corea del Sur y transformarla en una potencia fuerte frente a China, pero sin entrar en un enfrentamiento con ella, porque es un actor fundamental en el proceso de acercamiento entre las dos Coreas. Por la misma razón, es vital un mayor acercamiento con Japón, país con el cual por razones históricas, las relaciones han sido difíciles. Japón seguirá en la mesa de negociaciones porque es un aliado estrecho de EEUU, por lo que la vinculación Corea-Japón debiera tener especial atención para la nueva administración. Asia es una prioridad para Corea del Sur que ya es una potencia exportadora, que además se propone estrechar vínculos con la Unión Europea, promover las inversiones y ya ha iniciado una política al África en la búsqueda de materias primas y de recursos naturales. Lee ha denominado su política exterior como “network diplomacy”, orientada a crear una red para consolidar relaciones con Asia y muy en especial con China, Rusia (requiere energía) y con Japón (por las razones ya expuestas). Todo ello con un proyecto país claro: ser fuertes interna y externamente con miras a ser una potencia.

* Sub Directora del Instituto de Estudios del Pacífico de la Universidad Gabriela Mistral.












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